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En Ecuador, la situación del consumo de alcohol presenta cifras alarmantes.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (2023), cerca de 900.000
personas consumen bebidas alcohólicas, de las cuales un 41,8% lo hace
semanalmente. Dentro de este grupo, un 12% corresponde a jóvenes de entre 19 y
24 años, lo que refleja una mayor vulnerabilidad en este rango de edad. Por otro
lado, la OMS (2022), ubica al Ecuador como el segundo país con mayor consumo
per cápita de alcohol en América Latina, con un promedio anual de 9,4 litros por
persona. Estas estadísticas revelan una preocupante inclinación hacia el consumo
frecuente, especialmente en la población joven, lo que requiere atención urgente
desde el ámbito de la salud pública.
Guerra y Valenzuela (2018) llevaron a cabo una investigación en la Universidad
Nacional de Chimborazo, en Ecuador, con la participación de 512 estudiantes
pertenecientes a las facultades de Ciencias de la Salud, Ciencias Políticas e
Ingeniería. Los hallazgos mostraron que el 70,2% de los encuestados había ingerido
alcohol al menos una vez en su vida. Asimismo, el estudio evidenció que el consumo
de bebidas alcohólicas suele estar vinculado a ciertas características propias del
entorno universitario, lo cual representa una problemática que puede generar
efectos adversos tanto para quien consume como para su núcleo familiar y su
entorno social.
En una investigación llevada a cabo en la Universidad Técnica del Norte, situada
en Ibarra, provincia de Imbabura, Caranqui y Vera (2013) analizaron factores como
el género y la carrera académica que influyen en el consumo de alcohol entre los
estudiantes. Los resultados mostraron que los hombres y ciertos grupos
estudiantiles presentan niveles más altos de consumo perjudicial y dependencia
alcohólica. Además, se destacó que las tasas de consumo en la provincia de
Imbabura, que oscilan entre el 12% y el 40%, son alarmantes y comparables con el
promedio nacional del 17.5%.
Estos hallazgos subrayan la necesidad de implementar soluciones urgentes que
involucren a diversos actores, desde la familia hasta las instituciones educativas.
Adicionalmente, se observó que, en la Universidad Técnica del Norte, de
aproximadamente 200 estudiantes que se inscriben anualmente en cada escuela,
solo el 20% logra graduarse, mientras que el 80% abandona sus estudios. Entre las
principales causas de deserción se identificaron problemas económicos y el
consumo de alcohol, especialmente durante reuniones nocturnas para trabajos
académicos, lo que afecta negativamente el rendimiento estudiantil. También se
señaló que el 28.9% de los adolescentes repite algún curso, lo que repercute en su
salud y fomenta el sedentarismo (Caranqui, 2013).
En el caso de investigadores como Puebla (2021), los hábitos de consumo de
alcohol están determinados por múltiples factores individuales, como el sexo, la
edad y las condiciones socioeconómicas y biológicas. Además, el entorno normativo
y social desempeña un papel crucial; las normas sociales que toleran o incluso
promueven el consumo, la presión de grupo, los mensajes contradictorios sobre los
efectos del alcohol, su fácil acceso y su representación en los medios de
comunicación influyen significativamente en los patrones de consumo. Estos