Volumen 2. Número 1. Año 2026
25
INTRODUCCIÓN
La educación superior constituye un derecho fundamental y un espacio crítico para
la construcción de sociedades equitativas y justas. Sin embargo, persisten
desigualdades estructurales que afectan el acceso, permanencia y desarrollo
académico de grupos históricamente excluidos en las instituciones de educación
superior, particularmente en el ámbito de la formación técnica y tecnológica (Herdoiza,
2015).
En Ecuador, la Constitución de la República (2008) establece en su Artículo 26 que
"la educación es un derecho de las personas a lo largo de su vida y un deber ineludible
e inexcusable del Estado", garantizando "la igualdad e inclusión social". La Ley
Orgánica de Educación Superior (LOES), reformada en 2018, define en su Artículo
71 el principio de igualdad de oportunidades como la garantía de "las mismas
posibilidades en el acceso, permanencia, movilidad y egreso del sistema, sin
discriminación de género, credo, orientación sexual, etnia, cultura, preferencia
política, condición socioeconómica, de movilidad o de discapacidad" (Consejo de
Educación Superior, 2018).
El marco normativo ecuatoriano se complementa con instrumentos específicos
como la Ley Orgánica para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres (2018),
que asigna al ente rector de educación superior la responsabilidad de diseñar políticas
públicas con enfoque de género (Asamblea Nacional del Ecuador, 2018) y la Ley
Orgánica de Discapacidades (2012), que garantiza el acceso, permanencia,
participación y culminación de estudios de personas con discapacidad. El Reglamento
para Garantizar la Igualdad en todos los actores del Sistema de Educación Superior
(2017) establece la obligatoriedad de que las instituciones de educación superior
(IES) elaboren, ejecuten y evalúen un Plan Institucional de Igualdad (Consejo de
Educación Superior, 2017).
A pesar del avance normativo, la investigación sobre igualdad en educación
superior en Ecuador revela persistencia de brechas significativas. Estudios recientes
documentan que, aunque las mujeres representan más del 50% de la matrícula
universitaria nacional, y su participación en educación técnica y tecnológica alcanza
solo el 2.3% (Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Innovaciones y Pesca,
2025). Sin embargo, esta aparente paridad oculta profundas segregaciones
horizontales en las áreas de conocimiento, donde persisten carreras masculinizadas
y feminizadas por estereotipos de género.
En el contexto ecuatoriano, el concepto de interculturalidad en educación superior
trasciende el reconocimiento de la diversidad cultural, implicando la construcción de
relaciones equitativas y paritarias que superen la exclusión histórica estructural. La
interculturalidad es entendida como "la construcción de relaciones equitativas y
paritarias, prácticas institucionales, académicas y culturales que se desarrollan en
términos de intercambio y diálogo horizontal entre personas, comunidades, pueblos y
nacionalidades" (Consejo de Educación Superior, 2017). Según el Instituto Nacional
de Estadística y Censos (2022), en la provincia de Cotopaxi el 23,7% de la población
se autoidentifica como indígena, evidenciando la presencia significativa de pueblos y
nacionalidades que requieren políticas de inclusión educativa específicas.