Históricamente, la evolución de los chatbots se remonta a la década
de 1960 con programas como ELIZA, que simulaban conversaciones de
manera rudimentaria. Sin embargo, la transformación más significativa llegó
con el desarrollo de redes neuronales profundas y grandes modelos de
lenguaje (LLM), como los que impulsan a ChatGPT, lanzado en 2022. Estos
sistemas modernos, alimentados por enormes conjuntos de datos, pueden
comprender el contexto, generar texto coherente y mantener conversaciones
fluidas, lo que amplía enormemente sus aplicaciones educativas.
Por otra parte, al referirse a la clasificación de los chatbots se puede
decir que dentro de las más usadas es por la tecnología que usa el sistema,
que define el grado de sofisticación del chatbot. Se pueden encontrar dos
tipos principales: chatbots basados en reglas, que funcionan a través de
scripts rígidos y lógica condicional como arboles de decisiones o
reconocimiento de palabras claves. Son perfectos para tareas repetitivas o
estructuradas, pero se quedan cortos ante preguntas ambiguas o no
programadas, lo que termina por frustrar al usuario al pedirle de repetir o
transferirlo a agentes humanos (Garzón-Quiroz et al., 2025). Por el contrario,
los chatbots basados en IA, que emplean procesamiento de lenguaje natural
(PLN) y aprendizaje automático, proporcionan interacciones más naturales y
contextuales, y aprende a partir de la experiencia para mejorar las
respuestas con el tiempo. Un ejemplo claro son los modelos generativos
como GPT, que no solo responden, sino que generan contenido nuevo,
ajustando al estilo del usuario y simulando empatía, pero en ocasiones
acaban en respuestas estandarizadas y carentes de profundidad genuina
(Duque et al, 2025). Por último, los chatbots híbridos integran las mejores
características de ambos mundos: reglas para la eficiencia en las consultas
básicas y la IA para complejidades, haciendo que estos sean aptos para
aplicaciones empresariales donde se desea un compromiso entre costo y
desempeño. Esta categoría resalta cómo la elección tecnológica depende de
los recursos disponibles, ya que los basados en IA requieren más inversión
en entrenamiento de datos, pero ofrecen un retorno significativo en
satisfacción del usuario.
Otro criterio de clasificación es el método de interacción, que influye
en la accesibilidad y la experiencia del usuario. Los chatbots de texto son los
más comunes, limitados a conversaciones escritas en plataformas como
mensajería web o apps, y son efectivos para consultas rápidas sin necesidad
de hardware adicional. Por su parte, los de voz, como asistentes virtuales
integrados en dispositivos inteligentes, permiten comandos orales mediante
reconocimiento de voz, facilitando una interacción más natural en entornos
cotidianos (Nireweb, 2025). Además, emergen variantes multimedia que
incorporan elementos visuales como imágenes o videos, enriqueciendo la
comunicación en contextos educativos o de marketing.